POR HORUS La Columna
Maru no se dobla: entre el Zócalo y el linchamiento político
En la política mexicana abundan los valientes… de escritorio. Los que rugen desde la mañanera, los que disparan desde el anonimato digital y los que se sienten invencibles mientras tienen el aparato federal detrás. Pero cuando toca poner el pecho, dar la cara y responder en medios nacionales en medio de la tormenta, ahí ya no todos aparecen. Esta semana, Maru Campos sí.
Y lo hizo como lo hacen quienes entienden que gobernar no es esconderse detrás de un boletín ni mandar a un vocero a apagar incendios. La gobernadora de Chihuahua salió a la plaza pública nacional, con nombre y apellido, a fijar postura frente a los ataques que desde hace días buscan envolverla en una narrativa de sospecha, linchamiento político y golpeteo desde el centro.
La frase fue brutal, directa y cargada de simbolismo: “Así nos quieran colgar de la bandera del Zócalo, vamos a seguir luchando”. No es una metáfora cualquiera. Es una forma de decirle al poder central que en Chihuahua no están dispuestos a caminar con la cabeza agachada, aunque desde el altiplano algunos ya anden afilando la cuerda.
Porque esa parece ser la nueva dinámica política: primero se sugiere, luego se filtra, después se acusa y finalmente se monta el espectáculo. El viejo libreto del linchamiento preventivo. Pero Maru no compró el papel de acusada dócil. Negó categóricamente cualquier citatorio de la FGR, rechazó que exista una investigación formal en su contra y lanzó una pregunta que, por incómoda, sigue flotando en el aire: ¿dónde quedó la presunción de inocencia? Ah, claro… esa que algunos defienden con entusiasmo cuando se trata de los suyos, pero olvidan cuando el expediente lleva colores ajenos.
Porque en este país ya quedó claro que la justicia suele ser muy severa con unos… y sorprendentemente comprensiva con otros. Ahí está el caso de Rocha Moya, tratado casi con algodoncitos, mientras a otros se les construyen juicios mediáticos antes de que aparezcan siquiera las pruebas.
Y en medio de ese vendaval, Maru volvió a insistir en algo que en Palacio quizá no terminan de entender porque, como suele ocurrir, desde la comodidad del centro creen que México termina en Periférico: Chihuahua es diferente.
Diferente en su geografía, en su economía, en su relación con el agua, en su vocación ganadera y en su realidad fronteriza. Pero claro, pedirle al centralismo que entienda particularidades regionales es como pedirle a Morena que no convierta todo en propaganda: improbable.
Maru también fue clara al deslindarse del tema de agentes norteamericanos en El Pinal. “No gestioné, no autoricé y no tenía conocimiento”, dijo. Así, sin maromas, sin evasivas y sin esa gimnasia verbal que tanto le gusta practicar a la 4T cuando las cosas se les complican.
Y ya encarrerada, la gobernadora no dejó títere con cabeza.

Le respondió a Claudia Sheinbaum por dar por hecho una versión sin pruebas. Cuestionó la ligereza con la que desde la presidencia se construyen verdades políticas. Reclamó la indolencia federal en temas críticos para Chihuahua: agua, ganadería, salud y seguridad. Y remató con metralla política contra Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar, a quienes retrató como personajes más dedicados al grito, al spot y al pleito que al servicio público.
Porque esa también es la tragedia de cierta oposición local morenista: mucho TikTok, mucha tribuna, mucho escándalo… pero cuando toca resolver, gestionar o construir, ahí ya no hay tanta enjundia.
En paralelo, Alfredo Chávez Madrid también puso el dedo en otra herida incómoda: Ciudad Juárez merece un alcalde que resuelva, no un porrista de Morena. Una frase que resume el hartazgo de quienes ven a la frontera convertida muchas veces en escenario de confrontación partidista, mientras los problemas reales siguen esperando turno.
Lo cierto es que, entre el ruido, las filtraciones, las acusaciones y el golpeteo político, Maru Campos decidió hacer algo que hoy parece casi revolucionario en la política mexicana: salir, hablar y defenderse sin titubeos.
Porque mientras algunos operan desde la sombra y otros gritan desde la tribuna, la gobernadora se fue a medios nacionales a decir, sin pedir permiso, que no piensa doblarse.
Y eso, en tiempos de políticos de plastilina y valentías de utilería, no deja de ser una rareza.
La incoherencia sobre ruedas

En Morena ya no sorprende la contradicción. Sorprende, eso sí, la velocidad con la que la convierten en rutina y luego fingen que nadie se dio cuenta. Lo mismo se desgarran las vestiduras hablando del “derecho sagrado a la protesta”, que sacan patrullas, vallas y policías cuando los manifestantes llegan… pero a tocarles la puerta a ellos.
Y eso fue precisamente lo que pasó en la Ciudad de México, donde productores, ganaderos, agricultores y transportistas que buscaban ingresar con maquinaria pesada a una manifestación terminaron topándose no con la apertura democrática de la autoproclamada izquierda social, sino con el clásico muro institucional vestido de uniforme.
Ahí fue donde la diputada federal Manque Granados soltó una frase que, más que crítica, fue diagnóstico clínico: “Otra vez la incoherencia”.
Porque sí, otra vez.
Otra vez Morena diciendo una cosa y haciendo exactamente la contraria. Otra vez el partido que presume ser heredero de la protesta social, bloqueando manifestantes. Otra vez los que durante años gritaron “represión” por cualquier operativo, descubriendo que la fuerza pública también sirve… cuando el reclamo les incomoda.
Manque fue puntual: si fue la policía capitalina la que limitó el paso, entonces estamos ante otro episodio de esa ya famosa esquizofrenia política morenista: predican libertad, practican control; hablan de pueblo, pero si el pueblo llega con tractores mejor que se quede afuera.
Lo interesante vino cuando la panista contrastó el episodio con Chihuahua, donde Morena había querido vender la narrativa de un supuesto boicot contra su marcha anti-Marú.
Y ahí les desarmó el libreto.
“No hubo boicot”, dijo. Lo que hubo fue algo todavía más incómodo para Morena: rechazo ciudadano. Porque según la legisladora, no fue el gobierno, no fue la policía, no fueron las instituciones… fueron los propios chihuahuenses quienes les dejaron claro desde el aeropuerto que el discurso no estaba comprando simpatías.
Es decir, en Chihuahua culpan al sistema. En CDMX, cuando el sistema los bloquea a ellos mismos, silencio administrativo.
Y si alguien se llevó el premio al momento más incómodo de esta tragicomedia política fue Cuauhtémoc Estrada Sotelo.
El coordinador morenista en el Congreso local arrancó queriendo posar de defensor universal del derecho a la protesta, aunque con su habitual ironía reciclada. Todo iba más o menos en piloto automático… hasta que le recordaron que en la Ciudad de México sí hubo policías cerrando el paso a los contingentes.
Entonces vino el derrape.
“¿Y los bloquearon? ¿Y ya no los dejaron pasar?”, preguntó como quien descubre en vivo lo que no venía en el guion.
Le confirmaron que sí, que tractores, camiones y tráileres fueron detenidos antes de llegar a Reforma. Que algunos manifestantes tuvieron que seguir a pie, pero después de entrar en conflicto con varios pelotones de granaderos de la CDMX.
Y ahí, como suele pasar cuando la narrativa se les descompone, apareció esa mezcla de evasiva, sonrisa incómoda y risa nerviosa que en política suele traducirse así: no tengo cómo defender esto.

“Bueno, pero fueron por policías… naaa…”, soltó entre carcajadas.
Un argumento demoledor. Tan sólido como una sombrilla en huracán.
Porque cuando el morenismo no puede justificar sus contradicciones, recurre al viejo recurso del chiste, la maroma o la risa. Como si la incoherencia se corrigiera con una sonrisa.
Y mientras eso ocurría, Manque aprovechó para volver a meter el dedo en otra llaga: la famosa marcha anti-Marú, esa que prometía músculo político y terminó pareciendo reunión ampliada.
La diputada no tuvo contemplaciones y la calificó como “muy fallida” e “incoherente”, asegurando que el fondo del enojo no era la defensa ciudadana que presumían, sino el desmantelamiento de un presunto laboratorio clandestino. Un señalamiento que, por supuesto, agrega gasolina al incendio político.
Además, remató con un comentario que en Morena seguramente no gustó: ni hubo el quórum prometido ni la convocatoria que vendieron. Mucho ruido, poca multitud.
Pero en política no todo es golpeteo, también hay lectura de futuro.
Santiago de la Peña encabeza preferencias para la alcaldía de Chihuahua
Y ahí aparece otro dato interesante: en la carrera interna del PAN rumbo a la alcaldía capitalina, Santiago de la Peña encabeza preferencias con 22.7%, apenas por encima de César Jáuregui con 21.5%. Muy pegaditos. Casi respirándose en la nuca.
En tercer lugar aparece precisamente Manque Granados con 17.7%, nada despreciable para alguien que claramente no piensa quedarse viendo el desfile desde la banqueta.
Porque por si alguien tenía duda, la diputada no anda de paseo en su receso legislativo. Dice que fue a “tocar base” a Palacio de Gobierno. Una frase muy beisbolera… y muy política.
Se reunió con Santiago de la Peña, revisó temas de gestión, salud y agenda ciudadana. Oficialmente fue cortesía institucional. Extraoficialmente, en política nadie “toca base” sin revisar el tablero.
Porque mientras Morena se enreda entre bloqueos, risas incómodas y contradicciones sobre ruedas, en el PAN ya empiezan a mover piezas, medir perfiles y afilar nombres.
Y ahí está la moraleja de esta semana:
Morena sigue diciendo que protesta es democracia… hasta que la protesta les llega a su puerta.
Entonces ya no es pueblo.
Entonces ya no es lucha social.
Entonces ya no es resistencia.
Entonces… llegan las patrullas.